lunes, 11 de enero de 2010

[De luto y toros]


Si algún torero en la historia ha originado sublimes composiciones y sincero clamor popular, ese ha sido Joselito el Gallo. Nace en Gelves, el 8 de mayo de 1895. La alternativa la tomó el 28 de septiembre de 1912 en la Real Maestranza de Sevilla, de manos de su hermano Rafael. Cumbre de la gran dinastía de los “Gallos”, de la que su padre Fernando es considerado el patriarca, Joselito ha sido considerado como el mejor torero de la historia, a pesar de su corta trayectoria, desde 1912 al 16 de mayo de 1920, cuando muere en la plaza de Talavera de la Reina a causa de una mortal embestida del toro “Bailaor”.

Las crónicas nos desvelan que Joselito realizó esa faena con unos pases de tirón con la mano izquierda y mandó retirarse a los hombres de su cuadrilla que se habían colocado a sendos lados del toro. El matador se retiró para arreglar la muleta, y el toro, burriciego de cerca, que veía mejor desde lejos, partió como un rayo hacia Joselito, al que cogió. Los espectadores coinciden en que intentó levantarse sujetándose una masa verdosa que salía de su vientre y se desmayó. Afirman que sus últimas palabras fueron para invocar al médico de su confianza: “Llamad a Mascarell”.

Tras la muerte de Joselito, el 22 de mayo de 1920, en la edición de tarde, El Correo de Andalucía insertó un largo artículo del canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón, defendiendo la celebración de los funerales por Joselito en la Catedral de Sevilla. Pese a que se opusieron personajes con peso y fuerza política de la época, el cariño popular y el renombre del torero de la Alameda de Hércules hicieron que se celebraran en su honor honras fúnebres en la Catedral. Joselito descansa en el cementerio de San Fernando de Sevilla, en un mausoleo de gran calidad artística, obra de Mariano Benlliure.

En la copla, la muerte de Joselito queda perfectamente reflejada en la canción “Silencio por un Torero”, popularizada por la magistral Juanita Reina.

"Aquella tarde Sevilla
se puso toda amarilla
quebraíta de color.
Y por el aire caliente
su voz clamó de repente
qué penita y qué dolor.
Silencio en Andalucía,
rezadle un Ave María
y quitarse los sombreros.
Silencio el patio y la fuente,
que está de cuerpo presente
el mejor de los toreros.
"¡Parece que está dormío, Dios mío,
en su capote de bregal!"
y por Gelves viene el río, teñío
con sangre de los Ortega.
Suspira bajo su manto
la Virgen de la Esperanza
y arría en señal de duelo
banderas la Maestranza.
Y Sevilla, enloquecida,
repetía a voz en grito:
"¡Pa´que quiero mi alegría
si se ha muerto Joselito!"

Silencio por un minuto,
pintad los campos de luto
el ciprés y el olivar.
De luto las amapolas
de luto Carmen y Lola
Concha, Pepa y Soledad.
Silencio guarda el romero
silencio ese toro negro
y los bravos mayorales.
Crespones en las divisas
silencio pide la brisa
al pasar por los trigales.
"¡Parece que está dormío, Dios mío,
en su capote de bregal!"
y por Gelves viene el río, teñío
con sangre de los Ortega.
Suspira bajo su manto
la Virgen de la Esperanza
y arría en señal de duelo
banderas la Maestranza.
Y Sevilla, enloquecida
repetía a voz en grito:
"¡Pa´que quiero mi alegría
si se ha muerto Joselito!".





1 comentarios:

A las 11 de enero de 2010, 8:54 , Blogger falsascostumbres ha dicho...

Hola Javier. Estoy enganchado a tu blog por la temática, el enfoque tan personal y como vendes y nos haces llegar los temas tan interesantes que tocas. Esta entrada dedicada a Joselito está muy acertada... me gusta mucho que hayas reivindicado esta copla tan solemne que cantaba Juanita Reina.

Sigue así, por favor.

 

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